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Colección O  







Gallito Pelón

Paula Carbonell & Philip Giordano
14,00 € | 978-84-9871-427-2
40 págs. | cartoné | 25x23 cm |
enero 2013

 
Había una vez un gallito
que solo pensaba en comer.
 
Se pasaba el día buscando comida
y tragando todo lo que encontraba.
 
Esta afirmación no es hiperbólica. Gallito Pelón engullía literalmente todo lo que se encontraba o entorpecía su camino. No obstante, una mañana vio un papelito y, cuando se lo iba a zampar, leyó lo que ponía: El rey le daría un saco de oro a quien se lo entregase.
 
Gallito Pelón se alegró, pero no por el botín, sino porque pensó que si entregaba aquel papelito al rey, camino de palacio encontraría “muchas cosas ricas”. Y, con esta motivación glotona, se puso en marcha.
 
Su obstinada determinación y su ilimitada gula provocan que cualquier elemento, animal o cosa que se cruce en su camino acaben en su estómago. El gallo abre el pico y ¡se lo traga! De su voracidad no se libra ni el mar ni una cabaña (con un leñador dentro) ni un hormiguero ni tan siquiera ¡un zorro!
 
En esta adaptación del cuento popular valenciano Mig pollastre (Medio pollito), de Paula Carbonell, lo que engulle el protagonista debe interpretarse, metafóricamente, como experiencias asimiladas, ya que, finalmente, lo que traga acaba convirtiéndose en una valiosa herramienta de la que saca partido.
 
Aquello que inicialmente se le presenta a Gallito Pelón como un obstáculo en su objetivo será la solución a una encrucijada vital. El relato confirma que cada problema resuelto enriquece y se convierte en una especie de llave que ayuda a hacer frente al siguiente.
 
“Gallito Pelón es aquel que pasa por el mundo tendiendo la mano y, sin proponérselo, al final es ayudado por sus amigos”, resume Paula Carbonell. Esta cualidad del protagonista estaba presente en el relato original, Mig pollastre, historia que forma parte de la vida de la escritora, hasta el punto de que su primer álbum El viaje de las mariposas es un homenaje a este cuento.
 
“Supongo que mi Gallito Pelón tiene que ver con mi forma de entender el mundo”, apunta Paula Carbonell. Una perspectiva que comparte el ilustrador, Philip Giordano, quien ve en esta historia —y, en concreto, en su resolución— un encomio a la amistad. “Al final, esta ‘máquina’ que devora todo lo que encuentra, nos hace sonreir y nos parece más humano”, subraya el ilustrador italiano.
 
No es lo único que valora Philip Giordano del cuento, ya que gracias a este álbum (su primera colaboración con OQO) ha abandonado sus “recelos” a trabajar con el ordenador. “Me ha dado la oportunidad de experimentar con nuevas formas de expresión”, destaca satisfecho.
 
Así, en Gallito Pelón, ha tratado de recrear digitalmente los efectos que se logran mediante la litografía, con el objetivo de plasmar en las ilustraciones un ambiente “un poco retro”. Para conseguirlo, escaneó las partes hechas a lápiz y después aumentó el contraste, tal y  como lo haría el ácido sobre la plancha de cinc. Philip Giordano ha utilizado una gama cromática limitada y ha mezclado técnicas digitales con tradicionales, para encontrar un equilibrio. De este modo, ha jugado con formas sencillas y con diferentes texturas, tomadas de papeles antiguos, o creadas por él mismo, con técnicas como la monotipia.
 
El artista Takashi Kono (1906-1999), y sus trabajos gráficos de los años 30-40 en particular, han sido la principal fuente de inspiración del ilustrador para este álbum. “Su obra es una nostálgica y original evocación de Occidente. Y es la idea de encontrar un equilibrio entre estos dos extremos lo que me fascina. Cuando los límites no son tan nítidos, las partes se funden y nace algo nuevo e interesante”, argumenta el ilustrador, quien reside actualmente en Japón.
 
La elección del color negro para dar vida a Gallito Pelón no fue accidental, Philip Giordano interpreta así la “pasión/obsesión” del protagonista por la comida, “como si se tratase de un agujero negro, que todo lo devora”.
 
Y de igual modo que este fenómeno físico —que expulsa parte de lo que absorbe para sembrar el universo y ayudar al desarrollo de estrellas, planetas y, como no, de vida — nuestro protagonista también acaba regurgitando a los que formarán parte de su nueva existencia: Gallito Pelón, con amigos y oro, pudo comer y viajar cuanto quiso… ¡y más!
 
Texto de Paula Carbonell
Ilustraciones de Philip Giordano

+ 3 años
También disponible en: GL
 
 
 

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